DIEGO OQUENDO
(Quito, 1938)

"EQUIPAJE NO ACOMPAÑADO"

La pobre se volvió gorda, arrugada, fea.
Me había entregado la existencia
con fidelidad de perro.
juntos salimos buscando la esperanza.
Nos enteramos que dura un instante.
Que se enciende y se apaga,
igual que las luciérnagas.
Y que hay que seguirle los pasos,
mientras se vive, para vivir.

Sobre el lecho de hotel, descorrí su cierre.
Retiré las pijamas, las camisas, los trajes.
Aquello que abriga el cuerpo
y desampara la sombra interior.
Retiré los pañuelos que desnudan la pupila para recibirla luz.

Los zapatos que gastamos huyendo. . ., cuando vamos allá,
donde nos aguardan con infinita paciencia.

De par en par, sobre el lecho, destelló su alma.
Profunda y limpia. Ventana de una casa de campo.
En silencio la maniaté. Le pegué una etiqueta.
Se iría por mar, viajando.
No faltaría un ojo de buey en la bodega.
Y afuera, las olas y las nubes, agitándose.
Proclamando que la libertad no acaba, así estemos atados.
Que vejez y muerte son formas de liberarse.
Y que es justo cantar lo que nos redime.

Se iría por mar, viajando.
Yo estaría en el puerto a recibirla,
como se recibe a los seres amados.

Viena

LA JAULA

En la calle de las vitrinas
el frío está encerrado
entre portones de hierro sucio.

La lujuria, el dolor, el asco,
allí están encerrados.
Sólo el cielo nocturno es libre.
Cruelmente lejano.

Las mujeres invitan a los turistas
bajo las luces rojas.

Las viejas se exhiben
en las ventanas
que dan a los zaguanes.
Sus lágrimas se agotaron
limpiando los cristales.

Los adolescentes desfilan,
husmeando con ojos enfermos.
Desdeñan las estrellas.

Hay piedras en la calle.
Tantas como pecados vivos,
como ilusiones muertas.

En esa calle
no se encienden luces verdes.

Sankt Pauli (Hamburgo)

EL PARAISO PERDIDO

Escucho, a los tiempos, el canto de los pájaros.
Y redescubro la partitura del rocío sobre la tez de las hojas.
Mi espíritu se despereza. ¡Cómo mata ganarse la vida!
El aire transporta mariposas a bordo de sus naves.
Incansable discurre la procesión del río.
Se dibuja en el horizonte el esbelto silencio de los troncos.
Ahora soy el de siempre, el que jamás quisiera que se pierda;
pupilas que se dilatan con el paisaje del mundo,
voz que aprendió el lenguaje de las cosas sencillas,
incluso el del torrente, inventor de escalas musicales.

La verdad sea dicha, me cuesta recobrarme:
el espejo del alma se empaña fatalmente.
Y es que el pan de cada día es cada día más duro
y hay que beber el amor en una sola copa,
aunque el corazón se derrame por los cuatro costados.
La angustia nos taladra,
tal si la piel y los huesos estuvieran revestidos de piedra
Una cometa se abandona a celestiales sueños.
Las palomas dejan caer, al picotear las nubes,
semillas de paz entre los surcos.
Alguien ríe. Hermosa manera de anunciar la Primavera.
Pienso en Dios con la ilusión de Mayo.

Reuthe (Austria)

FABULA

Atravesemos el bosque, creyendo con firmeza,
que sobran manos cálidas para fundir
la nieve que arroja la tormenta.
Extasiémonos con los prodigios cotidianos.
Andemos en la certeza de que se tocará
un punto, de modo inevitable.
Y que las pausas convienen,
para llegar enteros y contentos.
Cultivemos la felicidad en el huerto propio,
mirando despojados de envidia
la que cosechan en el vecino.
Pongamos alas al corazón y soltémoslo. . . , simplemente.

No es mayor problema vivir en paz.

Reuthe (Austria)

PRUEBA PLENA

Antes de llegar,
supuse que la Primavera no tardaría.
En la carretera, un ciervo miraba
con el rocío del bosque vecino.

—¿Y el celeste de sus ojos, Andrea?
Los ha vendado con el arco iris.

Cualquier duda desapareció en la ciudad.
En la punta de las torres había flores azules,
que en vano picoteaban, entre danza y danza, las palomas.

Lübeck